¿Qué es educar?
¿Qué tipo de docente quiero ser?
¿Cómo llevaré a cabo mis propósitos?
¿Será capaz de ser autocrítico con mi labor y con la de mis compañeros?
¿Cuáles son los valores en los que debo sustentar mi día a día?
¿De qué marco teórico dispongo?
¿Cuáles serán mis pasos siguientes a nivel de formación después de la Universidad?
¿El poder y la fuerza de la tradición me harán dudar?
Bueno, estas son sólo algunas de las preguntas que hasta el momento puedo contestar gracias a esta asignatura. Desde luego, las respuestas no son verdades absolutas, ni mucho menos. Seguro que no van a tener respuestas siempre idénticas ya que la sociedad es cambiante, y por lo tanto, las necesidades no serán siempre las mismas. Aunque lo que sí deben tener en esencia igual o parecida, es la actitud para responder a ellas. Una actitud que provenga de una forma de entender la vida, una filosofía clara, con valores bien integrados y definidos que se deduzcan de mi futura labor como docente.
Llevamos ya cantidad de asignaturas cursadas y superadas. Lo ideal es que cada una de ellas nos hubieran ido completando y moldeando pedagógicamente para, a estas alturas, tener un sentimiento bien forjado de esta profesión. Bueno, no compruebo que ello sea así, pero quisiera creer que esta Facultad de Educación irá mejorando gracias a que asignaturas como esta consigan contagiar y vertebrar a todas las demás en una idea bien consolidada de una Educación que practique con aprendizajes verdaderamente cooperativos, inclusivos y significativos.
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